El ICE ha pasado la mayor parte de este año manteniéndose en silencio, y ese silencio es lo que lo está haciendo más mortal. Las operaciones grandes y visibles que definieron la campaña de aplicación de la ley del verano pasado están dando paso a algo más difícil de ver pero igualmente violento: paradas de control a pequeña escala que atacan a las personas en los momentos más ordinarios de su día: en el camino al trabajo, dejando a sus hijos en la escuela, afuera de un tribunal o estacionados en su propia cuadra.
Tres personas han muerto como resultado de estas paradas de control en poco más de una semana. El 7 de julio, agentes dispararon y mataron a Lorenzo Salgado Araujo en Houston, Texas, mientras iba camino a su trabajo. Seis días después, en Biddeford, Maine, un oficial de ICE disparó y mató a Joan Sebastian Durán Guerrero, también mientras iba camino a su trabajo. A la mañana siguiente, en St. Augustine, Florida, Juan Jairo Coronilla Durán perdió la vida tras ser atropellado por un tráiler mientras intentaba escapar de un encuentro con ICE.
Ninguna de estas muertes ocurrió durante una redada masiva. Sabemos cómo lucen las redadas masivas. Agentes sin la debida capacitación vestidos con equipo táctico. Furgonetas bloqueando las salidas. Un lugar de trabajo asaltado a plena luz del día. Ese tipo de operación que, con suficiente advertencia de las redes comunitarias de respuesta rápida, los vecinos pueden enfrentar directamente: presentándose, grabando y resistiendo hasta que los agentes se marchen antes de que ocurra un arresto. ICE sabe esto, por eso están cambiando su estrategia.
Y ahora, al desvanecerse por completo las ilusiones de responsabilidad con el reciente anuncio de que el FBI ya no investigará los enfrentamientos con ICE, es clave entender lo que está en juego.

En lugar de realizar redadas de alto perfil, ICE está cambiando de estrategia y apostando más por paradas de control más pequeñas y silenciosas, con innumerables casos que ya señalan el perfil racial como la principal razón detrás de estas acciones. Paradas de tráfico, emboscadas en cortes o agentes vestidos de civil esperando en autos sin identificar afuera de casas y negocios. Estas operaciones son rápidas, casi no dejan rastro y no le dan a las comunidades tiempo para organizar una respuesta. Esto es precisamente lo que hace que este cambio sea más mortal.
La Misma Máquina, un Nuevo Manual de Juego
El año pasado, las operaciones masivas eran la norma. En menos de seis meses de la segunda administración de Trump, ICE informó públicamente decenas de acciones de control en lugares de trabajo que resultaron en más de mil arrestos, con algunas operaciones individuales deteniendo a cientos de personas a la vez. Se construyeron campañas enteras para presumir el tamaño y el alcance del poder descontrolado de ICE: Metro Surge en Minnesota, Midway Blitz en Illinois y Charlotte’s Web en Carolina del Norte. Desplegaron cientos de agentes en las ciudades durante semanas, moviéndose por los vecindarios en vehículos sin identificar.
Pero si el objetivo de esas operaciones era asustarnos para que no lucháramos, no funcionó. Las comunidades crearon redes de respuesta rápida, rastrearon los movimientos de los agentes bloque por bloque, se presentaron en números y se mantuvieron firmes contra la intimidación de ICE. Los vecindarios establecieron centros de ayuda mutua para mantener las despensas llenas, entregas de medicamentos y llevar a los niños a la escuela de forma segura. Funcionarios electos locales lucharon y usaron todas las herramientas legales posibles para bloquear a ICE donde pudieron. La opinión pública sobre ICE se desplomó en todo el espectro político, y personas de todas partes se alzaron en oposición.

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A ICE no le tomó mucho tiempo encontrar su próximo movimiento, ya que la agencia nunca ha tenido que construir nada desde cero. Ya contaba con miles de millones en nuevos fondos y acceso a innumerables herramientas de vigilancia: reconocimiento facial, lectores automáticos de matrículas, rastreo de teléfonos y canales de intercambio de datos extraídos directamente de la policía local y los departamentos de vehículos motorizados (DMV) en todo el país. Y con una administración autoritaria y supremacista blanca detrás, que se niega a exigir rendición de cuentas, ICE se siente más envalentonado que nunca: operando sin ningún escrutinio, libre para aterrorizar a nuestras comunidades sin consecuencias.
Luchando Contra el Por Qué, No el Cómo
Desde Texas hasta Maine, comunidades en todo el país se están levantando para honrar las vidas arrebatadas por ICE. Se están organizando vigilias y acciones para compartir espacios de duelo, recordar y dejar algo claro: nuestra lucha no ha terminado. Personas en todas partes están dando un paso al frente para defender a sus seres queridos, proteger a sus vecinos y mantener seguras a sus comunidades. Pero incluso con los recientes tiroteos que han llamado la atención a nivel nacional, gran parte de la conversación sigue atrapada en el mismo lugar de siempre: en las tácticas. Lo que falta es la conversación más difícil, la que habla del problema esencial: ICE en sí mismo.
El problema radica en el poder descontrolado de ICE, su infraestructura en expansión (digital y física) y su cultura de impunidad. La violencia de ICE no es una serie de accidentes que se pueden corregir con más recursos o mejor capacitación. Es parte de su diseño. La crueldad es el objetivo.
No podemos ignorar que este reciente cambio en las tácticas en las calles también está ocurriendo dentro del contexto de los años más mortíferos registrados en muertes bajo detención. ICE registró 33 muertes bajo custodia en 2025, la cifra anual más alta en más de dos décadas— y esa cifra sigue subiendo.
Esta semana, Edwin Lopez-Cornejo, un hombre salvadoreño de 41 años, murió el 1 de agosto tras sufrir una emergencia médica en el centro Delaney Hall en Newark, Nueva Jersey. Y el mes pasado, Prisciliano Trejo Ricano, de 29 años, murió el 24 de julio después de que le negaran atención médica para una leucemia agresiva mientras estaba detenido en el Centro de Detención Stewart en Lumpkin, Georgia; su familia compartió que solo lo llevaron al hospital cuando su condición se volvió crítica. Más de 50 personas inmigrantes han muerto bajo custodia de ICE desde que Trump regresó al poder. Es el diseño. La crueldad es el punto.
Organizadores y comunidades han estado exigiendo la abolición de ICE durante años, mucho antes de que se convirtiera en un eslogan popular adoptado por candidatos en campañas políticas. Incluso los funcionarios electos apenas comienzan a ponerse al nivel de lo que las personas en el terreno siempre han sabido: este sistema no puede ser reformado. Pero incluso el discurso más fuerte siempre se queda corto para ofrecerle a nuestra gente lo único que necesitamos. Merecemos la seguridad de realizar nuestras rutinas diarias sin miedo y la certeza de que regresaremos a casa.

Que veamos menos redadas en nuestras redes sociales y el hecho de que los temores de arrestos masivos por parte de ICE en eventos como la Copa del Mundo no se hayan materializado, podría dar la impresión de que ICE ha disminuido sus operaciones por completo, especialmente en comparación con el verano pasado. Pero no ha sido así.
Hay una razón estratégica detrás de este cambio, y no tiene nada que ver con que ICE, o la administración que lo respalda, realmente haya disminuido la violencia.
Lo Que la Copa Mundial Ocultó
Cuando los organizadores dieron la voz de alarma sobre que ICE estaba apuntando a estadios, lugares de trabajo y reuniones comunitarias en los meses previos a la Copa del Mundo, no fue algo salido de la nada. Trump tiene un historial de convertir eventos públicos en escenarios para su agenda antiinmigrante. Consideremos la presencia de ICE en el Super Bowl en Nueva Orleans a principios de año, ampliamente publicitada y utilizada como contenido en las cuentas de redes sociales del DHS. Se presentó como un esfuerzo de “seguridad” y “protección pública”, pero incluso según los propios estándares de la administración, fue un fracaso.
La presencia durante eventos deportivos importantes sigue un patrón que hemos visto desde que Trump asumió el cargo: esta administración prospera con el teatro político porque sabe que es lo que genera miedo. Pero, con la atención global centrada en la Copa del Mundo, el ego de Trump no pudo soportar el escándalo de una operación fallida bajo el escrutinio internacional.
La decisión de la administración de evitar espectáculos de alto perfil fue absolutamente estratégica. Manipularon los sistemas que controlan los temas y las narrativas, calculando exactamente cuándo y dónde podía ICE moverse en las sombras. Mientras las cámaras permanecían enfocadas en los estadios de las ciudades sede, ICE mantenía su máquina de deportación funcionando al máximo en el resto del país, incrementando arrestos y violencia en vecindarios por todo Estados Unidos.
Aunque no vimos noticias sobre redadas masivas, las operaciones de cumplimiento empezaron a aumentar justo cuando se jugaban los partidos finales de la Copa Mundial. En las primeras dos semanas de julio, ICE estaba en camino de arrestar al mayor número de personas en un solo mes durante esta administración, duplicando constantemente su promedio diario de arrestos para cumplir con sus cuotas de detención.
La Red Que Sigue Expandida
Con el cambio de tácticas, ICE también está ampliando a quiénes apunta. A finales de junio, la Corte Suprema falló 6-3 a favor de permitir que la administración eliminara el Estatus de Protección Temporal (TPS) de aproximadamente 350,000 haitianos y miles de sirios, despojándolos de más de 16 años de protección con una sola decisión y dejando a cientos de miles de personas vulnerablemente expuestos a la deportación.
Antes de esta decisión, los tribunales ya habían concluido que la administración eludió las revisiones legales necesarias que el Congreso exige antes de poner fin oficialmente al TPS. Incluso en el tribunal más alto de Estados Unidos, se están violando los procedimientos adecuados sin casi ninguna consecuencia.

Con esta reciente decisión sobre el TPS, la administración está usando la Corte Suprema como arma para expandir a quiénes puede detener y deportar. Esta estrategia está impulsada por una agenda xenófoba y supremacista blanca dirigida a destruir las comunidades negras y latines.
Eso es en lo que se están convirtiendo las nuevas tácticas: sin importar quién perderá la protección a continuación, el patrón será el mismo: encontrar un nuevo recurso legal, activarlo silenciosamente y permitir que ICE se encargue del resto.
El Silencio No Es Seguridad
Debemos mantenernos alerta: menos redadas virales no significa que ICE haya disminuido sus operaciones. Significa que están adaptando sus tácticas, moviéndose de formas más difíciles de notar, documentar y combatir.
Para muchos de nosotros, el trabajo nunca se detuvo. Las redes de respuesta rápida continuaron movilizándose, los centros de ayuda mutua siguieron apoyando a familias y miembros de la comunidad, y los organizadores se mantuvieron preparados para la próxima oleada. Sabemos que el cambio de las redadas a gran escala nunca significó menos daño y violencia, solo menos titulares. Y si más de diez años organizándonos juntos como hogar político nos han enseñado algo– a través de protestas, reuniones, audiencias, y todos los espacios donde no podíamos darnos el lujo de rendirnos– es que el sistema nunca disminuye. Solo evoluciona, y las estrategias detrás de nuestra resistencia tienen que evolucionar igual de rápido, si no más.

Por eso estamos construyendo hacia una lucha más profunda. Porque no podemos luchar contra lo que no entendemos. Publicamos nuestro último informe, “La Tecnología Detrás de ICE: Oligarcas, Represión y la Amenaza a la Democracia”, junto con Just Futures Law y Surveillance Resistance Lab, para denunciar la tecnología que alimenta la máquina de deportación. Cientos de compas de todo el país se unieron a nuestro webinar, donde desglosamos los hallazgos clave y el papel que las grandes empresas tecnológicas están desempeñando en el hostigamiento, vigilancia y deportación de nuestra gente. Muy pronto, lanzaremos una serie de Asambleas “No Tech for ICE” en todo el país para conectar con miembros de la comunidad, organizadores, estudiantes, trabajadores y defensores para prepararnos para la lucha que viene.
Las tres vidas que perdimos este mes en las calles– Lorenzo Salgado Araujo, Joan Sebastian Duran Guerrero y Juan Jairo Coronilla Durán– son un recordatorio de lo que está en juego. Fueron hijos, padres, vecinos, amigos amados– personas que se presentaban día a día para sus familias y seres queridos. Merecían vivir vidas plenas: criar a sus hijos, prosperar en sus comunidades y construir los futuros por los que trabajaban. Nada puede devolver lo que nos fue arrebatado. Pero les debemos a ellos, y a todas las personas que ICE sigue persiguiendo, luchar más, organizarnos con más fuerza, y seguir abogando por un mundo donde nuestra gente esté segura, libre y viva sin miedo.

Las tácticas de ICE siguen cambiando. Nuestro compromiso con el otro y con la defensa de nuestra gente no cambiará.
Hemos aprendido a luchar, a resistir y a sostener la verdad de que nuestro poder colectivo siempre será más fuerte que cualquier sistema de violencia al que nos enfrentemos.